Cuba ha sido un país pionero en diversos campos. Por ejemplo, inauguró el ferrocarril en fecha tan temprana como el año 1837, con un primer tramo ferroviario entre La Habana y Bejucal, ciudad a 23 km al sur de la capital, convirtiéndose así en la primera nación de Iberoamérica y la sexta del mundo en tener ferrocarril. Este país caribeño ha sido también pionero en cuanto a la televisión, pues junto a México y Brasil fue uno de los primeros en inaugurar una estación de televisión el 24 de octubre de 1950, incluso antes que muchos países europeos; y, después de Estados Unidos, fue el segundo en introducir la televisión a color en 1958.
Si consideramos que lo que conocemos actualmente como las telenovelas tienen su antepasado en lo que fueron las radionovelas —es decir, obras dramatizadas transmitidas por episodios a través de emisoras de radio—, el escritor, periodista y compositor cubano Félix B. Caignet Salomón (1892-1976) es considerado uno de los creadores de la telenovela latinoamericana y un pionero de las radionovelas. Con sus historias dramáticas llenas de suspenso y emoción supo atrapar al público. Su obra más famosa es la radionovela El derecho de nacer (1948), extremadamente popular en toda América Latina, con tanto éxito que se adaptó a la televisión y a otros medios en la mayoría de los países iberoamericanos.
Los Mercados Libres Campesinos en Cuba fueron creados en 1980 como un mecanismo autorizado por el gobierno para permitir que productores rurales vendieran sus excedentes directamente a los consumidores. A la sazón se transmitía por la televisión cubana la telenovela mexicana Los bandidos de Río Frío (1976) y, precisamente por los altos precios de los productos agrícolas en estos mercados, considerados abusivos por la población, se ganaron en el habla popular el nombre de “los bandidos de Río Frío”. Otra telenovela mexicana muy popular transmitida en la tv cubana fue Gotita de gente (1978), la cual dejó también su huella, pues a través de ella los cubanos conocieron y asimilaron en su jerga cotidiana el mexicanismo “merolico” (que significa vendedor ambulante), e incluso crearon el término derivado “meroliquismo” para referirse de manera colectiva a todos los vendedores ambulantes y del mercado informal en ciudades y pueblos.
En Cuba siempre han sido muy populares las telenovelas brasileñas, por lo que hay que mencionar una que sobresale: Vale todo (título en portugués Vale tudo), con una primera versión en 1988 y una segunda en 2025, considerada un clásico de la teledramaturgia de Brasil. De la pequeña ciudad donde vive, la protagonista decide mudarse a Río de Janeiro, y allí comienza con un pequeño emprendimiento de comida rápida para después pasar a abrir un restaurante que nombró Paladar. Cuando el gobierno cubano autorizó oficialmente la creación de pequeños restaurantes familiares en 1993, como parte de un paquete de medidas para paliar la crisis económica durante el llamado Período Especial, y coincidiendo con la transmisión de la ya mencionada telenovela, el léxico coloquial se enriqueció adoptando la palabra paladar para referirse a ese tipo de negocios de venta de comida y así diferenciarse de los restaurantes convencionales, propiedad del Estado en su mayoría.
Una serie policiaca cubana transmitida en los años noventa, Día y Noche (en su popular entrega Mi propia guerra), fue otra que dejó su huella lingüística. El protagonista, de nombre Tavo, era un agente encubierto de la policía infiltrado entre grupos delincuenciales para, de esa forma, combatir el crimen desde el interior de los mismos. Así, no tardó mucho el nombre del personaje en convertirse en la jerga popular —tavo— como sinónimo de informante de la policía, usado para calificar a todo aquel que ejerciera semejante labor.
🏁 Conclusiones: La pantalla se apaga, el habla se queda
Este viaje por la memoria televisiva y radial nos demuestra que la identidad lingüística de un país no se decreta en una academia; se cocina en la sala de la casa, frente a la pantalla o al pie de un radiorreceptor. El cubano posee una plasticidad idiomática asombrosa: es capaz de desarmar una trama de ficción internacional, extraer una palabra o un personaje, y recontextualizarlos para describir su propia realidad económica, social o política.
Ya sea para camuflar un mercado informal como un grupo de «bandidos», para bautizar un negocio privado con el nombre de un restaurante de telenovela, o para señalar con picardía al delator del barrio, la ficción ha sido el taller de costura ideal para el traje de nuestro lenguaje cotidiano.
Al final, estas palabras y frases se independizan de los guiones que las vieron nacer. Las novelas terminan y las series pasan al olvido, pero en la boca del cubano, el invento y la chispa lingüística se quedan para siempre.
💬 ¡Ahora te toca a ti!
¿Te acordabas de estas telenovelas? ¿Qué otra palabra o frase de la televisión recuerdas que se haya quedado para siempre en el habla popular cubana? Déjamelo en los comentarios.
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