🍍Al final del año, piña, mamey… y plátano.

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El frutero lingúistico. Parte II

El refrán original dice «al final del año piña, mamey y zapote», pero en realidad muchos no saben ni qué es el zapote, o creen que es simplemente la forma en que llaman al mamey en otras zonas geográficas (¡y tienen parte de razón, ya que el mamey cubano es una variedad de zapote!). Sin embargo, para esta entrega prefiero que nos quedemos con la piña, el mamey y el plátano, tres frutas tropicales que han echado raíces profundas en nuestra cocina, nuestra tradición y, por supuesto, en el habla popular.

1. La economía de la fruta: ¿Plátanos?

El plátano es esa fruta noble que tanta hambre ha matado en Cuba. En el habla popular se usa, en primer término, para representar el aparato genital masculino debido a su forma evidente.

Pero también es el rey indiscutible a la hora de describir la falta de dinero. Cuando la billetera está completamente vacía, la calle dicta:

  • Estar más pelado que un plátano: Es la miseria total. Al igual que a un plátano al que le quitan la cáscara, te sientes expuesto, desprotegido y sin nada frente a las deudas del día a día.

Para cerrar, el campo nos regala dos verdaderas perlas de la observación cotidiana:

  • Viento platanero: Ese viento racheado, molesto y traicionero que tumba las frágiles matas de plátano. Se utiliza para describir esos días en que el viento lo desordena todo a su paso sin llegar a ser un ciclón.
  • Como plátano pa’ sinsonte: Describe cuando alguien está disfrutando algo al máximo, con deleite absoluto, o cuando una mujer se encuentra en su punto de mayor atractivo y esplendor.

2. El espectro de la piña: De la oportunidad a la «piñacera»

La piña es, quizás, la fruta más versátil de nuestro idioma. Puede ser el anuncio de lo mejor del mundo o el preludio de un tremendo desastre.

  • La piña (en la política o el trabajo): Es ese grupo cerrado de poder al que, si perteneces, tienes la vida resuelta y obtienes beneficios. Si te quedas fuera, estás en problemas. Siempre, en cualquier ambiente, brota esa «piñita» que termina poniendo mala la cosa.
  • Como piña para el jugo: Es la definición de la perfección. Se usa cuando algo te viene como anillo al dedo, encaja a la perfección o representa una oportunidad de oro que no puedes dejar pasar.
  • Ser un «piñú» (o tener tremenda piña): Aquí entramos en el terreno del conflicto. Un piñú es alguien con un temperamento difícil, alguien que siempre está «inflado», de mal humor y listo para explotar.
  • Cuando se pone la piña agria: Significa que una situación se ha vuelto peligrosa, tensa o muy difícil de resolver. Y si la cosa escala demasiado, se llega a la famosa «piñacera», que no es más que una buena pelea a puño limpio en el medio de la calle.
  • Ni piña: Un eufemismo para «ni pinga».

3. De la «chica mamey» a «la hora de los mameyes»

Hace algún tiempo, la orquesta Ritmo Oriental pegó un éxito con la canción «La chica mamey», donde se describía a una mujer que, además de bella, es inteligente y trabajadora. Y es que en Cuba, mamey significa bueno. Si te dicen que eres un mamey es un gran elogio, y si te dicen que algo está «mamey», significa que es sumamente fácil de hacer. Para enfatizarlo, se suele añadir que es «mamey de Santo Domingo», es decir, el colmo de lo bueno o lo sencillo.

Sin embargo, la joya de la corona se la lleva la historia detrás de nuestra frase de resistencia por excelencia:

  • El origen de «La hora de los mameyes»: Esta frase evoca el momento de la verdad o una situación crucial y decisiva. Su origen nos remonta a 1762, cuando las tropas inglesas tomaron La Habana por sorpresa. Los soldados británicos vestían uniformes de un rojo brillante, y los habaneros, con su característico humor, empezaron a llamarlos burlonamente «mameyes» por el color de la pulpa de la fruta. Cuando estos soldados salían a patrullar para imponer el estricto toque de queda militar, los ciudadanos se alertaban susurrando que había llegado «la hora de los mameyes», una señal clara para actuar con cautela.

La calle cubana no se camina, se «saborea». Cada frase es un recordatorio de que, incluso en las rachas más agrias, siempre hay un mango o un mamey esperando a la vuelta de la esquina.

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El mamey colorado

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Una respuesta a «🍍Al final del año, piña, mamey… y plátano.»

  1. Buscando guayaba ando yo… – El Español de Cuba

    […] piensas que esto es todo lo que aportan las frutas al lengua popular del cubano, no es así. Pronto hablaremos de los cítricos desde el limón a la mandarina, pasando por la […]

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