Rooster perched on a wooden fence near a rustic house with plants at sunrise

🐓¿Por qué somos tan «gallos» los cubanos?

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4–6 minutos

Si hay un animal que se ha ganado con creces el título de «rey del patio» en Cuba es el gallo. Pero no estamos hablando solo del ave de corral que despierta al campo con su canto, sino de un personaje que vive, respira y pelea dentro de la psicología y el lenguaje diario de los cubanos.

En la Isla, el gallo es sinónimo de belleza viril, elegancia, dinero, misterio y, por supuesto, de esa capacidad tan nuestra para reírnos de las dificultades. Hoy nos vamos a quitar las plumas y a sacar las espuelas para recorrer esas frases y cubanismos inspirados en este emblemático animal. ¡Al cantío de un gallo empezamos!


De la valla a la calle: Guapos, finos y quiquiriquís

En Cuba, la actitud ante la vida se mide con la vara del gallinero. Según cómo te comportes o cómo te defiendas, el habla popular te asigna un tipo de «pluma»:

  • Ser un gallo fino: No es cualquiera. El «gallo finolis» es la persona valiente, que no se deja intimidar por nada ni por nadie, pero que además camina con estampa, tiene clase y sabe defenderse con fiereza si la situación lo requiere. De ahí viene la sana costumbre de cuidarse como gallo fino, que no es más que andar impecable, vigilar la salud y mantener la buena apariencia física.
  • Ser un gallito de pelea: Aquí ya entramos en el terreno de los impulsivos. Si eres de los que saltas a la primera provocación y andas siempre buscando camorra, eres un gallito de pelea o una persona pendenciera.
  • Ser un gallito quiquiriquí (o ser un galludo): Este es el clásico personaje que es puro ruido y pocas nueces. El típico bravucón o alborotador de barrio que amenaza mucho, saca el pecho, pero a la hora de la verdad no tiene espuelas para sostener la guapeza.

Cuando el bolsillo canta: El gallo y el vil metal

¿Sabías que en los primeros tiempos de la República el gallo era el símbolo de un partido político y se le asociaba directamente con el poder y los fondos públicos? De esa herencia nos quedó una conexión indestructible entre el ave y las finanzas:

  • ¡Hoy canta el gallo!: Es, sin duda, la frase favorita de cualquier trabajador. Significa, ni más ni menos, que llegó el día de cobro o de paga en el centro laboral. Cuando el jefe aparece con el dinero, el veredicto es unánime: «¡Caballero, ya cantó el gallo!».
  • Soltar el gallo: Cuando te toca sacar la billetera para pagar una deuda o asumir la cuenta de lo que se consumió, no te queda otra opción que soltar el gallo.
  • ¡Que cante el gallo!: La frase perfecta (y a veces un poco indirecta) que se lanza en la mesa de un restaurante para recordarle a ese amigo olvidadizo que ya va siendo hora de pagar la cuenta. Eso sí, si el negocio es estricto, el dueño te advertirá antes de servirte: «¡El gallo por adelante!» (o sea, me pagas por adelantado) o simplemente ¡Suelta el gallo!.

Secretos en el patio y algún que otro resbalón

El gallo también se mete en nuestros misterios cotidianos y en esos momentos donde la naturaleza o la voz nos traicionan:

  • ¡Aquí hay gallo tapado!: Es la versión cubanísima del clásico «aquí hay gato encerrado». Se usa cuando sospechamos que nos están ocultando algo o que hay un secreto guardado que se revelará cuando menos lo esperemos. Antiguamente, un gallo tapado era también un billete de lotería que se compraba a ciegas dentro de un sobre cerrado.
  • Irsele a uno los gallos: A todos nos ha pasado. Estás hablando con tremenda seriedad, tratando de impresionar a alguien, y de repente… ¡Zas! La voz se te quiebra en un agudo estridente y traicionero. En Cuba no se dice que desafinaste o que mudaste la voz; se dice de forma implacable: «A ese se le fue un gallo».

La gran paradoja culinaria: La Sopa de Gallo

Si a un extranjero le ofreces una sopa de gallo, lo más probable es que se siente a la mesa frotándose las manos, esperando un plato hondo, humeante, con viandas y carne. Pero el ingenio cubano dicta otra cosa.

En nuestra cultura popular, la sopa de gallo es una bebida hecha simplemente con agua y azúcar moreno (o prieta). En las épocas de más escasez y necesidad, cuando el estómago protestaba y el refrigerador estaba vacío, un buen vaso de esta «sopa» era el combustible rápido para levantar los ánimos, ganarle la partida al hambre y seguir pedaleando. Es la prueba reina de cómo el cubano le pone un nombre con gracia a la sencillez con tal de ganarle a la adversidad con una sonrisa.


Conclusión: ¡Matado el gallo!

La vida puede ponerse difícil, e incluso podemos correr el riesgo de quedarnos como el gallo de Morón (sin plumas y cacareando, despojados de todo). Pero el cubano no se rinde, no se queda cruzado de brazos sin hacer ni por el gallo y, sobre todo, hace lo que sea y trata de hacerlo bien y no chapuceramente para matar el gallo (porque la meta siempre es sobrevivir).

Así que, la próxima vez que tengas un problema gordo por delante, míralo de frente con ojos de gallo fino, saca las espuelas y, cuando lo hayas resuelto con rapidez y eficacia, respira hondo y grita con orgullo: ¡Matado el gallo!


💬 ¡Ahora te toca a ti!

Seguro piensas que se nos olvidó hacer la historia del más famoso de todos los gallos cubanos: El gallo de Morón. Ese que se quedó sin plumas y cacareando. Pero lo dejamos para otro momento. Los gallos de la Calle 8, por su parte, se han convertido en un símbolo de cubanía en el corazón de Miami y también tienen historia ya.

Si quieres saber más de gallos y gallina, compra nuestro diccionario en versión Kindle.

¿Qué otra expresión con «gallo» se usaba en tu casa y se me ha quedado fuera de la lista? ¡Déjamelo en los comentarios!

Los gallos de la Calle Ocho, Miami, Florida

Una respuesta a «🐓¿Por qué somos tan «gallos» los cubanos?»

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