
La imagen de esta ave de corral, no hay dudas de ello, nos resulta familiar a todos, en primer lugar como fuente de alimento en nuestro hogar, para otros tal vez la imagen escondida en la memoria de antaño, cuando vivimos en un lugar donde rodeaban la casa de nuestros abuelos en el campo, y cuando incluso nos divertíamos al alimentarla arrojándole maíz junto a muchas de su especie. Pero hoy queremos apartarnos de esa imagen un tanto bucólica y acercarnos su presencia en el léxico cotidiano del cubano en su comunicación del día a día, en su conversación en el seno de la familia, con los amigos o simplemente en la calle.
Comencemos por la connotación que tiene el afirmar que una persona es un gallina, es decir, que es cobarde, pusilánime o cualidades semejantes, lo cual coincide con su uso en el español tanto de la Península y en Hispanoamérica. De modo igual, cuando decimos que “se nos pone la piel de gallina”, significa que estamos sintiendo una fuerte emoción o sorpresa por algo. Con la locución de que alguien “anda como gallina sacada” expresamos que está a la defensiva o se está mostrando agresivo. Del madrugador, aquel cuya máxima es “Al que madruga, Dios lo ayuda” decimos “que se levanta con las gallinas”, o sea, bien temprano antes de que salga el sol. Quien revolotea de un lado a otro, sin saber a ciencia cierta qué hacer “parece un gallina loca”. Siempre se nos recomienda que guardemos nuestros ahorros en instituciones bancarias, pero hay quienes desoyen este consejo y prefieren “tener una gallina o una gallinita echada”, lo que equivalente a guardarlos escondidos debajo del colchón o en una lata de galletas en la cocina, pese al riesgo de que alguien descubra el escondite y entonces adiós a “la gallinita echada”. Cuando se nos impone una tarea o un trabajo difícil o sucio llegaremos a la desagradable conclusión de que “nos tocó la gallina cagada”, y si se nos llama la atención porque estamos hablando demasiado alto y molestamos, podríamos reaccionar ante el regaño con ¡A callar a sus gallinas!
No es exclusivo del español de Cuba, pero cuando usamos el proverbio “Mientras más gallinas en un pollero, más plumas y en menos huevos”, lo hacemos con la misma intención de expresar, en esencia, que cuando hay demasiada gente metida en un asunto, hay mucho alboroto, pero pocos resultados concretos. Aunque con esto me aparto del tema central relacionado con la gallina, a nosotros, en nuestra hermosa isla caribeña nos gusta en estos casos afirmar aquello de “Mientras menos bulto, más claridad”. El “gallinero” es para nosotros no solo el lugar donde se crían y duermen las gallinas, son también en un teatro o un cine las localidades en la parte más alta. Y teniendo como personaje central de hoy nuestra querida y gentil gallina nos encontramos con la expresión “Los niños hablan cuando las gallinas mean”, y como desde el punto de vista fisiológico esto es imposible, la connotación de esta sentencia es autoritaria para hacerles saber a los pequeños que nunca deberán interrumpir o interferir en las conversaciones que sostengan los adultos, y su uso es frecuente en contextos familiares tradicionales tanto en Cuba como en la República Dominicana y Puerto Rico, así como también en la propia España.
En otro momento, y en cierta forma guardando relación con el tema de este artículo: la gallina, nos referiremos a algo tan importante como es lo que nos proporciona para nuestra dieta y, por ende, para nuestra salud, esta ave de corral, es decir “el huevo”.
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