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☠️A propósito del cumpleaños de Fidel Castro

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Hace unos días, al regreso de mis vacaciones, subí a un Lyft de regreso del aeropuerto. El chofer era un joven sudanés, un hombre muy alegre y jovial que nos saludó con afecto, nos ayudó con el equipaje y, después de cerciorarse de que éramos cubanos, nos dijo con entusiasmo: “Mi padre ama a los cubanos y a Fidel Castro”.

Mi marido y yo nos miramos en silencio. No dijimos nada; no queríamos entrar en discusiones políticas en medio del viaje. Pero el joven no paró allí. Añadió inmediatamente que él sabía perfectamente que Fidel Castro era un canalla, pero que su padre había sido entrenado en Cuba y que Fidel le había dado armas para pelear en Sudán.

Ese breve diálogo en el auto sintetiza trágicamente cómo la propaganda del régimen logró proyectar una imagen internacional benefactora mientras sembraba destrucción. La intervención de Cuba en el conflicto sudanés, mediante la instrucción militar y el envío de armas al Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLA), o el adoctrinamiento de jóvenes en la Isla de la Juventud, no fue un acto de altruismo: fue la exportación de la violencia militar en favor de los intereses geopolíticos del bloque soviético.

Ese patrón de interferencia no se limitó a África. En nuestra propia región, la mano del castrismo financió el «foquismo» y alimentó a guerrillas como las FARC y el ELN en Colombia, convirtiendo más tarde a La Habana en un refugio de impunidad para los victimarios del pueblo colombiano. Hoy mismo vemos cómo esa alianza ideológica busca oxígeno en la isla para articular la oposición y desestabilizar al nuevo gobierno electo democráticamente. Todavía hay quienes critican que el nuevo presidente se plantee cortar sus nexos con Cuba.

El reconocimiento de aquel chofer sudanés desmonta la gran paradoja del régimen. Mientras la «solidaridad internacional» se pagaba con vidas de jóvenes conscriptos cubanos, desabastecimiento y la ruina económica de un país que antes de 1959 figuraba entre los más prósperos de América Latina, en el exterior se vendía la ilusión de un libertador.

Si piensas que Fidel Castro y el gobierno de Cuba solo perjudicó al pueblo cubano, robándoles la libertad y sus riquezas, recuerda cuántas muertes y destrucción ha sembrado por el mundo; y para muestra, esto es solo un botón. No estoy aquí para convencerte de nada. Busca libros, infórmate, como él mismo decía: No te pido que creas, te pido que leas. Aquel lema propagandístico con el que se vendió la Campaña de Alfabetización y la labor editorial del régimen —utilizado para proyectar una fachada de pensamiento crítico y apertura— terminó convirtiéndose en una ironía histórica. Al final, se incitaba a leer, pero solo lo que el propio Estado permitía, publicaba y doctrinaba, exigiendo en la práctica exactamente lo contrario: una fe ciega.

Mañana que se cumplen 100 años del nacimiento de este hombre que ha sembrado muerte, destrucción y tristeza en todo el mundo, te invito a reflexionar sobre su legado y a confrontar su discurso con su propia incoherencia histórica.

Old world map with large 'LEE CORE' text and vintage newspaper headlines
Nos mandó a leer para creer y ya nadie con dos dedos de frente cree en él

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