Prólogo y Dedicatoria

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1–2 minutos

Esta historia está inspirada en la vida de una mujer humilde llamada María, como bien podría llamarse Ana, Carmen o Luisa. Es la historia de una mujer luchadora que se levanta de sus cenizas después de superar la emigración, la soledad y el abandono.

Es también la historia de muchas de esas madres latinas que se inspiran en sus hijos para salir adelante en situaciones difíciles y está dedicada especialmente a las madres cubanas que tantos ejemplos han dado de resiliencia y sacrificio.

Y por sobre todas las cosas, es la historia de amor de María y Jorge, llena de altas y bajas, silencios y sacrificios.

Quisiera dedicarla especialmente a las mujeres de mi familia:

A mi abuela, Ana Luisa, la mejor cocinera que he conocido.

A mi madre, Carmen, es ejemplo de sacrificio y fortaleza.

A mis hijas Elizabeth, Annia. Ellas representan el espíritu de mujeres fuertes y poderosas, capaces de superar obstáculos y brillar con luz propia.

Finalmente, a mi pequeña Isabel Carmen, mi nietecita, quien merece una mención especial. Aunque aún no había nacido cuando comencé a escribir este relato, su llegada me ha dado la motivación suficiente para concluirlo. Su presencia simboliza la esperanza y la continuidad de los valores familiares.

A mi esposo Fernando, por ser mi maestro y todo un guerrero. A mis nietos Oliver y Leonardo, las luces de mis ojos cansados. Porque no habría una historia de María sin Jorge y porque ellos, cuando son buenos y fieles, nos hacen la vida más fácil y alegre.

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