🎭Del Teatro Martí a Broadway

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2–4 minutos

¿Cuál ha sido la última actuación en directo que has visto?

La presentación de Postmodern Jukebox en Lexington, Kentucky

Acto I: Luces de Carnaval y un musical que me atrapó

Recuerdo como si fuera ahora una noche de Carnaval en La Habana. Fuera, la ciudad era un estallido de carrozas y comparsas; dentro, el Teatro Martí me abría las puertas a un mundo nuevo. Mis padres me llevaron a ver El remero respetuoso, una parodia del teatro vernáculo que rebosaba esa música alegre y vibrante que me hipnotizó.

Mientras mi prima Diana esperaba aburrida al bolerista Lino Borges, yo descubría que mi hogar estaría siempre frente a un escenario. Fue el último resplandor de una época fastuosa que pronto cambiaría para siempre.

Íbamos cada semana al Martí, vivíamos muy cerca. Allí, entre las risas del negrito, la gracia de la mulata y la tozudez del gallego, mis sentidos despertaron para siempre.

Acto II: La Cenicienta y el «diversionismo»

El gran descubrimiento ocurrió a los 9 años. En una Cuba donde el inglés estaba vetado por el «diversionismo ideológico» y el Pato Donald era visto como un símbolo imperialista, mi destacamento de pioneros me llevó al Teatro Mella.

Allí vi una puesta en escena de La Cenicienta al estilo Disney, pero adaptada por el ingenio de algún director cubano nostálgico . En aquel teatro, la ideología no pudo contra la fantasía; los zapatos de cristal brillaban más que cualquier consigna. Fue mi primer puente hacia el gran musical americano y el inicio de una curiosidad que me llevaría, años después, a graduarme de una carrera de lenguas extranjeras.

Acto III: Del brillo al gris (y el guapo que se impuso)

Pronto, la fastuosidad dio paso al realismo socialista. Los escenarios se volvieron tan grises como nuestra realidad, pero el talento seguía siendo un refugio. De esa etapa guardo la magistral actuación de Luis Alberto García (padre) en Andoba. Su presencia era tan visceral que lograba romper cualquier barrera ideológica. Él me enseñó que la verdadera «peste a guapo» es la autenticidad que no se puede silenciar.

Un suspiro de nostalgia

Esa formación me llevó lejos: desde los clásicos en La Habana hasta cumplir el sueño de ver la Ópera de los tres centavos en el mismísimo Berliner Ensemble de Berlín.

Hace apenas unos meses, en Kentucky, asistí a un show de Postmodern Jukebox. Al escuchar una voz impecable cantando la hermosa canción de Radiohead, me brotaron las lágrimas. Me emociona recordar la Habana que fue y que hoy no existe, con sus cines y salas reducidas a escombros. ¿Qué queda para los jóvenes de hoy?

Me guardo muchos cartuchos para el futuro: historias sobre Mi bella dama, noches en el Musical de La Habana, El fantasma de la Ópera en Miami y mi encuentro con el «guaposo» Mackie Messer en Alemania. Pero antes de que baje el telón definitivo, guardo un deseo: sentarme en una butaca de Broadway para ver «Buena Vista Social Club» pues aunque no soy amante de esa música, se que voy a llorar como lloré con la interpretación de “Creep” una de mis canciones favoritas. Después de todo yo siempre me he sentido así como un “ weirdo”alguien fuera del molde, una incomprendida.

Dicen que los viejos somos así: mi abuela lloraba con los danzones, yo lloro con los musicales. Al final, somos la misma nostalgia buscando un escenario donde volver a casa.

¿Y tú? ¿Cuál fue esa primera obra de teatro que te cambió la vida para siempre? Cuéntame en los comentarios.

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