
Hoy no se trata de un tema ya tratado en nuestro blog, el de la gallina, sino que nos referiremos a el huevo, algo omnipresente en nuestra dieta diaria, por ejemplo, en la combinación tradicional en los hogares cubanos, como alimento sobre todo para los niños: el “arroz a la cubana”,
Se trata de un plato muy sencillo compuesto de arroz blanco con huevos fritos y plátano maduro frito, considerado como de un equilibrado y alto valor nutriente. En otras latitudes han tratado de agregarle salsas y hasta estilizarlo, pero el arroz con huevo es ese plato sencillo que comimos todos los niños cubanos y que deseamos sigan comiendo las presentes generaciones.
El huevo también se hace presente en platos como el bistec a caballo o en la pizza a caballo, porque en ambos casos se remata el plato poniéndoles un huevo frito encima.
Y sin tener nada que ver con la cocina o la nutrición, cuando le decimos a alguien “no me frías huevos” le estamos pidiendo que no continúe haciendo con los labios un sonido que imita al de la grasa caliente cuando se fríen huevos, con lo que se desea expresar que algo le molesta a esa persona o que no está de acuerdo con ello. La presencia del huevo está también en los rituales afrocubanos de la Santería, cuando el polvo para hacer limpiezas espirituales está hecho de cáscara de huevo molida y tierra.
Vayamos ahora a su presencia en locuciones como “de a huevo”, que significa hacer algo sin tener en cuenta lo que piensen o quieren los demás, mientras que “ser un huevo sin sal” es ser una persona sin gracia, y si se dice de alguien “ese huevo quiere sal” implica que esa persona está dejando entrever que desea algo de tí. Se suele utilizar sobre todo cuando una joven o un joven se sienten atraídos o están enamorados de alguien, pero no lo manifiestan abiertamente, sino a través de señales o gestos no dejan de pasar inadvertidos por los demás.
Cuando “no sabemos dónde poner el huevo” es que estamos siendo indecisos o vacilantes, y si la reparación del tejado “cuesta un huevo” es sinónimo de que una cosa es muy cara. Podemos encontrar también expresiones un tanto groseras o vulgares como afirmar “me tengo que machacar los huevos” en lugar de “tengo que aceptar con resignación” una situación, tarea u obligación, o “tengo que meter los huevos en un tornillo”, con el mismo sentido de aceptar algo con resignación. Si nos ponemos a trabajar a fondo en algo es que “nos mojamos los huevos”, mientras que la práctica hace al maestro es lo mismo que “cortando o sacando huevos se aprende a capar«.
Cuando una situación llega a un punto que rebasa los límites de lo aceptable o posible, exclamamos molestos ¡Manda huevo! Y qué mejor forma de negarse a algo como con ¡Ni por los huevos del cura!

Una de las cualidades que nunca podremos aceptar de una persona, y en eso coincidimos todos los hispanohablantes, los del Nuevo Continente y los de la Madre Patria, es que se caracterice por la huevonería o la huevonada, por su holgazanería al estar echado todo el tiempo, mientras los demás se esfuerzan y hacen algo útil o necesario.
Vale la pena aclarar que en muchas ocasiones huevo funciona como eufemismo para «cojones», por ser esta última una palabra del registro vulgar. Por ejemplo, cuando decimos que «Fulano tiene huevos«, es que tiene valor, coraje. Pero si te gustó esta serie que comenzó con el gallo y siguió con la gallina y el huevo, deja que lleguemos a la tortilla.
Para cerrar con broche de oro, vale la pena destacar que estas expresiones son solo una pequeña muestra del ingenio popular. Si te apasiona la riqueza de nuestro idioma y quieres descubrir el origen, significado y matices de muchas otras frases típicas de nuestro hablar cotidiano, te invitamos a explorar más expresiones como estas en nuestro Diccionario, el espacio perfecto para seguirle la pista al humor, la picardía y la identidad del español de Cuba.


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